viernes, 24 de agosto de 2018

Provocación e ignorancia
Otro día espléndido en un país que por cercano, humilde -que no servil-, educado, amable y auténtico, llevo en el corazón: Portugal. Siempre he dicho que, de no ser español, sería portugués. Amo el país, su cultura y su gente. Todo perfecto..., hasta darme de bruces con una estelada colgada en la terraza de una famosa y muy turística ciudad lusa, Sintra, acompañada de una foto, o algo parecido, del señor Puigdemont y la reivindicación de alguien aclamándole como su auténtico "president".
Para empezar, me gustaría saber qué diantres hace un independentista viviendo en Portugal. Porque imagino que no estará de vacaciones, aunque hasta de la militancia hay que descansar. Y no creo que se sienta perseguido o perseguida. En todo caso, es el resto del país, de España, digo, el que está hasta los..., esos, porque están muy cansinos los indepes, de verdad.
Portugal está hasta arriba de españoles. No me extraña, nos tratan fenomenal. Uno se siente en casa. Imagino que igual que el de la estelada. Puede que, quien sea, pese a su reivindicación, en el fondo se sienta mejor que en "su" casa, esa Cataluña magnífica de la que algunos quieren apropiarse. Oiga, si tan fantástica, aunque, eso sí, excluyente, es su tierra según usted ¿qué demonios hace en la de otros?
La ubicación de la casa era estratégica, sin duda. Pero en el fondo, la estelada no servía para nada. A los extranjeros se la bufan Puigdemont y el independentismo. Y a los nacionales, bueno, me ahorraré repetir las lindezas con las que obsequiaron la reivindicación indepe los que yi tenía alrededor, si bien la mayoría ponían en serias dudas la honestidad de la madre del provocador, o provocadora.
Porque, seamos realistas, el montaje tenía afán de tocar las partes nobles. Aún a riesgo de hacer gala, como el propio independentismo, de una ignorancia supina de la historia de una Iberia que puede enorgullecerse de haber sido terreno elegido para darse una vueltecita, alguna de muchos siglos, por decenas de culturas, algunas realmente formidables.
¿En serio que no es para sentirse orgulloso de tener, probablemente, herencia genética de iberos, celtas, romanos, árabes y qué se yo? Yo siento algo cuando piso la Alhambra o cuando veo el acueducto de Segovia, que me pilla más cerca. O cuando recorro las calles de la increíble Toledo. Se me ponen los pelos de punta, en serio. Y me regodeo en ello, las cosas, como son. Disfruto como un crío al que leen cuentos de héroes, leyendas para soñar
Seguramente esté equivocado y me deje llevar por la emoción de la evocación de un pasado épico, con sombras, sin duda, pero épico al fin y al cabo. Pero de lo que sí estoy seguro es de que la historia jamás reconoció como insignes a quienes únicamente se miraron su ombligo.
Señor, o señora, de la estelada, está históricamente errado. Lo siento, pero es así. Si no se lo cree, lea, es bueno. Pero sin prejuicios, no sea que llame facha a don Pelayo como a Serrat. Además, nadie le hace caso, lo siento de nuevo, mala suerte, pero créame que salvo "los de aquí" el resto pasan de usted. Bueno, y los de aquí, tras ponerle a caldo, también.
De verdad, no tergiverse la historia. Mejor la estudia y de paso que nos hace el favor de dejarnos en paz, alivia su ignorancia que, hoy por hoy, intencionada o no, es mucha.
Se me olvidaba: Gracias, eso sí, porque por usted, sea quien sea, he reactivado un blog que llevaba inactivo tres años. Y, por favor, no incordien a los portugueses igual que a nosotros. Son muy buena gente y no lo merecen.
Con mi copa de vino, salud.