¡Qué envidia!
Todavía me embarga la pena por las víctimas de los recientes atentados de París, pero también lamento las de Líbano, las del avión ruso si finalmente se confirma que fue un atentado, las de tantas otras barbaries perpetradas en nombre de no se qué dios se llame Alá o se llame como se llame.
Pero no puedo pasar por alto algo que realmente me llenó de emoción: El comportamiento ejemplar de nuestros vecinos franceses. Siempre he mantenido que ni la Revolución Francesa ni mayo del 68 sucedieron allí por casualidad. Son duros los franceses. Tengo muchos y buenos amigos de allí y sentí su dolor como si los atentados hubiesen sucedido aquí. Líbano y Rusia me pillan más lejos, lo reconozco, pero también me duelen. Gente que sufre, que muere…, por nada.
Aún se me ponen los vellos como escarpias cuando recuerdo las imágenes del Estadio de Francia, al lado del cual he pasado muchas veces yendo y viniendo de Le Bourget, con la gente desalojándolo ordenadamente y cantando a voz en grito La Marsellesa. Con dos cojones y disculpadme el exabrupto. Pero es que es así. La Marsellesa, un himno que siempre me pareció bello, es un canto de guerra que en su versión en español fue muy popular durante la Guerra Civil española. Los franceses han dado muestras de saber a qué se enfrentan y no me cabe duda de que lo harán.
Los tienen bien puestos nuestros vecinos. París, ciudad que he tenido la oportunidad de visitar en varias ocasiones de vacaciones y por trabajo y en la que algún día podría encontrárseme al igual que en Lisboa y Londres, ha dado una lección de gallardía, de comportamiento ejemplar, como en su día lo dio Madrid tras los no menos terribles atentados del 11M. Por cierto. muy parecidos. Es en situaciones límite cuando los pueblos demuestran la pasta de la que están hechos.
Y lo que también me sobrecogió sobremanera fue ver a la Asamblea Nacional de Francia cantando igualmente La Marsellesa. Todos unidos como una piña frente al terror. Sin fisuras. Casi se me saltan las lágrimas y no es fácil, os lo aseguro ¡Qué envidia, joder! Aquí tenemos que soportar día a día la ya más que cansina cantinela separatista. Los franceses, parte de cuya población también podría declararse vasca o catalana, interpretando libremente y a su aire la historia como hacen los soberanistas catalanes, han dado ejemplo de unidad. Lo dicho ¡Qué envidia!
No quiero terminar sin citar otro emocionante momento: 80.000 personas, ingleses y franceses, cantando también La Marsellesa a todo pulmón en Wembley en el partido Francia-Inglaterra. Los periódicos ingleses publicaron antes la letra en sus páginas, las pantallas del estadio la proyectaron para que la gente pudiera seguirla… En fin, toda una lección de solidaridad, de resistencia frente al terror y nuevamente, de unidad, en este caso entre europeos que más de una vez se las han tenido tiesas a lo largo de la historia.
El terrorismo indiscriminado es puro terror. Bien lo sabe la gente de cierta edad, aunque no tanta, que vivió en España los años del plomo de ETA, Grapo, GAL.. Unos años que realmente se prolongaron hasta 2006, ayer como quien dice, con el atentado de ETA en la T4 del aeropuerto de Madrid Barajas en el que por pura casualidad murieron dos personas cuando podrían haber caído muchas más. A quienes pusieron la bomba les importaba tres pepinos. Es más, buscaban hacer daño. Buscaban sangre inocente. Como los yihadistas.
Como bien dice Hollande, esto es una guerra. No convencional, pero una guerra al fin y al cabo. Y ello mal que les pese a ciertos partidos mal llamados de izquierdas que parecen no querer reconocer la evidencia. Ser de izquierdas significa defender al más débil, defender las libertades, defender la diversidad y la igualdad, luchar contra dictaduras y totalitarismos. Buscar, en definitiva, un mundo mejor y más libre para todos. Y si para conseguirlo hay que cantar, todos a una, los ciudadanos del mundo libre, un himno de guerra como La Marsellesa, que así sea.