lunes, 29 de julio de 2013

Este tipo me cae bien

Jamás pensé que yo diría algo semejante.... de un Papa. Sí, así, con mayúsculas, para que nadie se confunda sobre lo que estoy hablando. Sobre todo los que me conocen bien. No soy de iglesia, nunca lo he sido, porque nunca he sido capaz de creer en ella como institución. Pero otra cosa son las personas y en este sentido, el nuevo papa Francisco parece estar rompiendo moldes. De hecho, muchos eran los que esperaban ver si iba en serio. Bueno, pues parece que sí, que va en serio aunque su actitud puede que a muchos les ponga los pelos como escarpias.
La última sorpresa parece haberla dado, según acabo de ver, en el avión de vuelta de Río en el que ha dejado pasmados a todos los que le acompañaban al decir que quién es él para criticar a los gays si tienen buena voluntad. Casi nada, sobre todo si comparamos esas declaraciones con las que la Iglesia nos tiene acostumbrados.
Y antes de eso, aparte de ser un señor capaz de convocar a tres millones de personas en Copacabana,  se ha paseado por las favelas de Río, ha entrado en las casas de los más pobres, animado a los jóvenes a ser críticos y por si eso fuera poco, ha pedido estados laicos en los que las distintas religiones puedan tener su espacio.
Este papa Francisco está tomando posición rápidamente y enviando mensajes claros de los que quienes se dicen seguidores de la Iglesia y de su primer ministro, deberían tomar buena nota. Porque tiene razón. Porque nadie puede criticar a nadie por lo que piense, por lo que haga con su sexo, o por el dios en quien crea, si lo que hace lo hace de buena fe y sin hacer daño ni imponer su voluntad a los demás.
Personalmente siempre he defendido la diversidad como la mejor de las armas contra la intolerancia. Muchos fanáticos que han enarbolado a lo largo de los siglos las muy ensangrentadas banderas de la religión, fuese cual fuese, la raza o las ideologías entendidas desde un planteamiento radical, hubiesen carecido de argumentos si mensajes como los que está enviando este buen hombre se hubiesen lanzado antes, mucho antes, en todo el globo.
Mal que me pese y así lo confieso, he de admitir que se están produciendo algunos cambios que no dejan de ser esperanzadores. En una situación de crisis como la que vivimos en España, en la que personas como cualquiera de nosotros se ven de golpe y porrazo arrojadas prácticamente a la indigencia, en la que los recortes presupuestarios se llevan por delante derechos y prestaciones sociales que tardaron mucho tiempo en conseguirse, en la que el estado del bienestar cada vez se parece mas al estado del "virgencita, virgencita, que me quede como estoy", hay islotes de solidaridad a través de organizaciones de diverso signo, muchas afines a la Iglesia, que están asumiendo de forma altruista y con mucho esfuerzo la labor que el Estado, esta vez con mayúscula, debería asumir que para eso lo mantenemos entre todos.
Por eso digo que hay esperanza, porque sigue habiendo gente que aún cree que es posible ayudar a los demás y contribuir así a salir de este atolladero en el que nos metieron quienes no son capaces de sacarnos de él, aunque probablemente todos hemos contribuido también en cierta medida a este desastre.
Y también es esperanzador que el máximo representante de una institución que tradicionalmente no se ha caracterizado precisamente por ponerse de parte del débil, exceptuando esos islotes de solidaridad y los miles de miembros de la Iglesia que se juegan el tipo por esos mundos de dios en múltiples misiones de ayuda en lugares remotos, se alce como voz crítica poniendo el dedo en la llaga de cuestiones sociales de la máxima relevancia en las que, hasta ahora, la voz del Vaticano había sido más crítica que solidaria y conciliadora.
Bienvenido sea por tanto este aire fresco que parece llegar desde las ventanas de la Santa Sede, aparentemente más abiertas ahora que nunca. Y bienvenido sea este tipo, Francisco, un papa que parece romper moldes y que como decía al principio, me cae bien.
Brindo por él, porque sus mensajes calen y lleguen a materializarse al menos en parte y cómo no, brindo por quienes tengan a bien leer estas humildes reflexiones. Como siempre, con mi copa de vino, a vuestra salud.






jueves, 25 de julio de 2013

Santiago ¿Por qué?

Imagino que el propio apóstol se estará preguntando el por qué de la tragedia de Galicia. Cuando escribo estas líneas creo que ya ascendía a 80 el número de fallecidos ¡Qué barbaridad! Entre muertos y heridos, prácticamente todos los pasajeros y tripulación del desdichado Alvia se vieron afectados.

He visto un video colgado en YouTube que muestra a un tren entrando a toda velocidad en una curva y  sufriendo un descarrilamiento absolutamente brutal. Desde luego iba muy rápido, rapidísimo, aunque no es momento de especulaciones sino de dar todo el apoyo posible a las víctimas y a sus familiares. Enviando un recuerdo a los que se han ido, o rezando por ellos quienes crean, por qué no, y dando mucho cariño a supervivientes y allegados. Como en todo accidente de estas características, sea cual sea el medio de transporte, habrá que esperar al resultado de la investigación.

Lo que no puedo dejar de comentar es la nota de prensa de Presidencia del Gobierno, que adjunto para el que no haya podido leerla. Y eso que en internet hay ya referencias y comentarios como para llenar varias páginas. Es que hay que fastidiarse, mezclar el terrible accidente de Galicia con el no menos terrible reciente terremoto en China. Hombre, todos los que llevamos muchos años en la profesión sabemos lo del "corta y pega", pero estas cosas hay que cuidarlas. No hablamos de asuntos políticos, económicos o de otra índole. Hablamos de personas y de una tragedia brutal, que lo es aún más por lo inesperada.

Estas cosas hay que cuidarlas, hay que tener un poco de sensibilidad, de empatía con los afectados. Claro, que también habría que tenerla con los que sufren por muchas causas, con los parados, con lo carentes de toda esperanza. Pero no, como decía una buena amiga mía ¡Para qué!

La metedura de pata de Moncloa ha sido de las que hacen historia. La demostración de ausencia total de sensibilidad y oficio ha sido supina. Pero bueno, al final, la culpa se la echarán al becario y borrón y cuenta nueva hasta la próxima, que esta vez no ha sido la primera ni será la última.

Hoy os doy las buenas noches como siempre, con mi copa de vino. Y me gustaría brindar como siempre, a vuestra salud. Pero hoy no puedo. Hoy, el vino, me sabe muy, pero que muy amargo.

Ánimo de todo corazón a las víctimas y familiares del accidente ferroviario de Galicia. Yo también estoy con vosotros y poco más puedo hacer que enviados todo mi cariño y solidaridad.


miércoles, 24 de julio de 2013

Unidos hasta el final

Hoy estoy de bajón. Creo que una parte del pasado ha saltado en pedazos y dudo pueda recomponerse. Espero equivocarme, aunque mi sexto sentido pocas veces me falla. Y esa especie de tristeza que me oprime me lleva a contar una historia que conocí recientemente y que realmente llegó a emocionarme.
Me contaron de un señor, cazador, que sentía auténtica pasión por su perro. Y ese sentimiento era, al parecer, plenamente correspondido. Hasta que llegó ese mal día que tarde o temprano siempre llega, en el que al cazador le diagnosticaron una enfermedad incurable de pronóstico fatal.
Hasta aquí nada muy distinto de lo que a diario les sucede a muchas personas que se enfrentan a la muerte vía dictamen médico. Nuestro cazador acabó falleciendo, pero lo realmente inaudito es que su perro también enfermó y además desarrolló exactamente la misma enfermedad que su amo y amigo.
Quien haya tenido un animal con una enfermedad terminal conoce perfectamente el proceso: el veterinario diagnostica y recomienda "poner a dormir" a la desdichada criatura, si bien es cierto que ellos tienen una oportunidad que los humanos no tenemos.
La decisión le correspondía a la viuda del cazador, que no dudó. Simplemente le dijo al veterinario: "Póngalo a dormir. Eso es que su amo le ha llamado y le está esperando para salir de caza".
Al escribir la historia, real, sigo emocionándome. Y no es porque hoy esté, como he dicho, de bajón, que lo estoy. Es que, al margen de la tragedia, la historia es realmente hermosa.
Con mi copa de vino y como todas las noches que puedo compartir estas reflexiones con quien lo desee, a vuestra salud.

martes, 23 de julio de 2013

Dios aprieta y también ahoga

Los periódicos han abierto hoy con la decisión del presidente del Gobierno de evitar una moción de censura compareciendo en el Congreso por el "caso Bárcenas", acompañando el titular de las declaraciones de Mª Dolores de Cospedal, que incluso en algunas tertulias parecieron enigmáticas.
Pero no voy a entrar siquiera a comentar estas noticas. Cono decía hace dos días, harto me tienen. Lo único que me preocupa, coincidiendo con mucha más gente mucho más lista que yo, es la energía que consumen en estas peleas, dimes y diretes y supuestas turbiedades de diversa índole, que mejor harían empleándola en resolver los muchos y graves problemas que ahogan al país.
Y si no, que se lo digan a cualquier hijo de vecino de estirpe tipo clase media y de ahí para abajo, que ve que se acabó lo que se daba en cuanto a renovar el coche de vez en cuando, a tomarse un par de cañas, o a comprarse alguna cosilla en el Zara. Que no y que no, hombre, que no está el país para bromas y mucho menos para ir de compras, aunque sea de rebajas.
Y eso no es lo más grave. Al fin y al cabo, en vez de usar el coche se puede ir en metro, beber agua en vez de cerveza y apañarse un año con la ropa del anterior. No es para tanto, aunque eso signifique que se fabricarán menos coches, que cerrarán más bares y que habrá menos tiendas. en otras palabras, que el empleo seguirá resintiéndose por el descenso del consumo.
Lo peor es que según recoge hoy algún diario, la universidad consume un 23% más de recursos de las familias que en 2008. Es decir, que cada vez cuesta mucho más dinero estudiar y precisamente cuando muchos jóvenes, la famosa "generación perdida", no tienen otro recurso que hacer eso, estudiar, para o perder el tiempo de forma miserable y de paso desesperarse por la ausencia de futuro.
Y yo me pregunto ¿quiénes van a poder estudiar? ¿los de siempre, los que ni tiemblan cuando se habla de recortes porque tienen "tela" de sobra para cortar? ¿son ellos los destinados a emir el futuro por pura selección financiero-natural? Pues apañados vamos entonces.
Esa malévola estrategia, porque soy de los que opinan que todo obedece a un plan y mira que me gustaría equivocarme, sumada al continuo suma y sigue de recortes en investigación, va a convertirnos en un esperpento de país incapaz de defenderse por sí mismo al quedarse en el vagón de cola de los avances tecnológicos. Unos avances que, aunque algunos prefieran alardear de pérdida de memoria, consiguieron en su momento crear empleo y situar a España a la cabeza de muchos sectores de alta tecnología.
Mal vamos si no apostamos por el futuro y ese futuro, hoy por hoy, se diluye ante la falta de inversiones, la fuga de jóvenes que emigran porque no tienen otra salida, la asfixia del pueblo llano que se aprieta el cinturón una y otra vez para pagar los desmanes de aquellos a quienes pagaba para que hicieran las cosas bien. De acuerdo, todo el mundo tiro la casa por la ventana, pero siempre ha de haber alguien que conserve la cabeza fría y más aún si cobra por ello. Aquí, ni eso.
Lo único que simple logra subirme la moral en momentos de bajón, es el famoso dicho de que "no hay mal que cien años dure" y eso se cumple a rajatabla. Como se cumple la regla de los ciclos económicos que hoy te tiran por los suelos y mañana te elevan a las nubes haciendo que todo el mundo crea que es rico.
Vana ilusión, como la propia vida al fin y al cabo. Tan breve como la luz de las velas que hoy me alumbran al escribir en mi blog. Sí, que nadie se sorprenda, estoy en mi pequeño jardín a la luz de unas velas de esas que dicen se cargan los mosquitos. Útil y romántico a la vez, qué más quiero. Y tampoco falta mi copa de vino, como todas las noches, para poder brindar con vosotros a vuestra salud.

martes, 16 de julio de 2013

¡Vaya, pensé que no volvía a entrar en mi propio blog!
Yo, que en mis años mozos era capaz de memorizar lo que no está escrito, resulta que ahora no puedo acordarme de las contraseñas. Será la edad y que las neuronas se me van al garete. Vamos, como que se caen por el sumidero. Claro que, a otros, se les caerán otras cosas. Es lo que tiene la gravedad.
Hoy no voy a comentar nada. Bastante contento estoy con haber recuperado mi blog. De modo que, si alguien piensa que voy a hablar de Bárcenas, que se olvide.
Estoy hasta los mismísimos de corrupciones, análisis, acusaciones varias, cortinas de humo nacionalistas, acusaciones mutuas.... ¡Coño, ya está bien!
¿Es que nadie puede dedicarse a hacer lo que tiene que hacer, que es resolverle la vida a una ciudadanía para la que la asfixia se ha convertido en algo cotidiano? ¿Es que nadie va a dedicarse a pegarle un empujón a este país, que se lo merece, para que los parados tengan una esperanza, los jóvenes un futuro, los mayores una sonrisa y todos una ilusión?
Lo dicho, hoy no digo ni pío, que estoy que no quepo en mí mismo de gozo por haber recuperado mis contraseñas. Eso sí, mañana será otro día y entonces ya veremos.
Mientras tanto, con mi copa de vino, buenas noches y salud.