viernes, 24 de agosto de 2018

Provocación e ignorancia
Otro día espléndido en un país que por cercano, humilde -que no servil-, educado, amable y auténtico, llevo en el corazón: Portugal. Siempre he dicho que, de no ser español, sería portugués. Amo el país, su cultura y su gente. Todo perfecto..., hasta darme de bruces con una estelada colgada en la terraza de una famosa y muy turística ciudad lusa, Sintra, acompañada de una foto, o algo parecido, del señor Puigdemont y la reivindicación de alguien aclamándole como su auténtico "president".
Para empezar, me gustaría saber qué diantres hace un independentista viviendo en Portugal. Porque imagino que no estará de vacaciones, aunque hasta de la militancia hay que descansar. Y no creo que se sienta perseguido o perseguida. En todo caso, es el resto del país, de España, digo, el que está hasta los..., esos, porque están muy cansinos los indepes, de verdad.
Portugal está hasta arriba de españoles. No me extraña, nos tratan fenomenal. Uno se siente en casa. Imagino que igual que el de la estelada. Puede que, quien sea, pese a su reivindicación, en el fondo se sienta mejor que en "su" casa, esa Cataluña magnífica de la que algunos quieren apropiarse. Oiga, si tan fantástica, aunque, eso sí, excluyente, es su tierra según usted ¿qué demonios hace en la de otros?
La ubicación de la casa era estratégica, sin duda. Pero en el fondo, la estelada no servía para nada. A los extranjeros se la bufan Puigdemont y el independentismo. Y a los nacionales, bueno, me ahorraré repetir las lindezas con las que obsequiaron la reivindicación indepe los que yi tenía alrededor, si bien la mayoría ponían en serias dudas la honestidad de la madre del provocador, o provocadora.
Porque, seamos realistas, el montaje tenía afán de tocar las partes nobles. Aún a riesgo de hacer gala, como el propio independentismo, de una ignorancia supina de la historia de una Iberia que puede enorgullecerse de haber sido terreno elegido para darse una vueltecita, alguna de muchos siglos, por decenas de culturas, algunas realmente formidables.
¿En serio que no es para sentirse orgulloso de tener, probablemente, herencia genética de iberos, celtas, romanos, árabes y qué se yo? Yo siento algo cuando piso la Alhambra o cuando veo el acueducto de Segovia, que me pilla más cerca. O cuando recorro las calles de la increíble Toledo. Se me ponen los pelos de punta, en serio. Y me regodeo en ello, las cosas, como son. Disfruto como un crío al que leen cuentos de héroes, leyendas para soñar
Seguramente esté equivocado y me deje llevar por la emoción de la evocación de un pasado épico, con sombras, sin duda, pero épico al fin y al cabo. Pero de lo que sí estoy seguro es de que la historia jamás reconoció como insignes a quienes únicamente se miraron su ombligo.
Señor, o señora, de la estelada, está históricamente errado. Lo siento, pero es así. Si no se lo cree, lea, es bueno. Pero sin prejuicios, no sea que llame facha a don Pelayo como a Serrat. Además, nadie le hace caso, lo siento de nuevo, mala suerte, pero créame que salvo "los de aquí" el resto pasan de usted. Bueno, y los de aquí, tras ponerle a caldo, también.
De verdad, no tergiverse la historia. Mejor la estudia y de paso que nos hace el favor de dejarnos en paz, alivia su ignorancia que, hoy por hoy, intencionada o no, es mucha.
Se me olvidaba: Gracias, eso sí, porque por usted, sea quien sea, he reactivado un blog que llevaba inactivo tres años. Y, por favor, no incordien a los portugueses igual que a nosotros. Son muy buena gente y no lo merecen.
Con mi copa de vino, salud.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¡Qué envidia!


Todavía me embarga la pena por las víctimas de los recientes atentados de París, pero también lamento las de Líbano, las del avión ruso si finalmente se confirma que fue un atentado, las de tantas otras barbaries perpetradas en nombre de no se qué dios se llame Alá o se llame como se llame.

Pero no puedo pasar por alto algo que realmente me llenó de emoción: El comportamiento ejemplar de nuestros vecinos franceses. Siempre he mantenido que ni la Revolución Francesa ni mayo del 68 sucedieron allí por casualidad. Son duros los franceses. Tengo muchos y buenos amigos de allí y sentí su dolor como si los atentados hubiesen sucedido aquí. Líbano y Rusia me pillan más lejos, lo reconozco, pero también me duelen. Gente que sufre, que muere…, por nada.

Aún se me ponen los vellos como escarpias cuando recuerdo las imágenes del Estadio de Francia, al lado del cual he pasado muchas veces yendo y viniendo de Le Bourget, con la gente desalojándolo ordenadamente y cantando a voz en grito La Marsellesa. Con dos cojones y disculpadme el exabrupto. Pero es que es así. La Marsellesa, un himno que siempre me pareció bello, es un canto de guerra que en su versión en español fue muy popular durante la Guerra Civil española. Los franceses han dado muestras de saber a qué se enfrentan y no me cabe duda de que lo harán.

Los tienen bien puestos nuestros vecinos. París, ciudad que he tenido la oportunidad de visitar en varias ocasiones de vacaciones y por trabajo y en la que algún día podría encontrárseme al igual que en  Lisboa y Londres, ha dado una lección de gallardía, de comportamiento ejemplar, como en su día lo dio Madrid tras los no menos terribles atentados del 11M. Por cierto. muy parecidos. Es en situaciones límite cuando los pueblos demuestran la pasta de la que están hechos.

Y lo que también me sobrecogió sobremanera fue ver a la Asamblea Nacional de Francia cantando igualmente La Marsellesa. Todos unidos como una piña frente al terror. Sin fisuras. Casi se me saltan las lágrimas y no es fácil, os lo aseguro ¡Qué envidia, joder! Aquí tenemos que soportar día a día la ya más que cansina cantinela separatista. Los franceses, parte de cuya población también podría declararse vasca o catalana, interpretando libremente y a su aire la historia como hacen los soberanistas catalanes, han dado ejemplo de unidad. Lo dicho ¡Qué envidia!

No quiero terminar sin citar otro emocionante momento: 80.000 personas, ingleses y franceses, cantando también La Marsellesa a todo pulmón en Wembley en el partido Francia-Inglaterra. Los periódicos ingleses publicaron antes la letra en sus páginas, las pantallas del estadio la proyectaron para que la gente pudiera seguirla… En fin, toda una lección de solidaridad, de resistencia frente al terror y nuevamente, de unidad, en este caso entre europeos que más de una vez se las han tenido tiesas a lo largo de la historia.

El terrorismo indiscriminado es puro terror. Bien lo sabe la gente de cierta edad, aunque no tanta, que vivió en España los años del plomo de ETA, Grapo, GAL.. Unos años que realmente se prolongaron hasta 2006, ayer como quien dice, con el atentado de ETA en la T4 del aeropuerto de Madrid Barajas en el que por pura casualidad murieron dos personas cuando podrían haber caído muchas más. A quienes pusieron la bomba les importaba tres pepinos. Es más, buscaban hacer daño. Buscaban sangre inocente. Como los yihadistas.

Como bien dice Hollande, esto es una guerra. No convencional, pero una guerra al fin y al cabo. Y ello mal que les pese a ciertos partidos mal llamados de izquierdas que parecen no querer reconocer la evidencia.  Ser de izquierdas significa defender al más débil, defender las libertades, defender la diversidad y la igualdad, luchar contra dictaduras y totalitarismos. Buscar, en definitiva, un mundo mejor y más libre para todos. Y si para conseguirlo hay que cantar, todos a una, los ciudadanos del mundo libre, un himno de guerra como La Marsellesa, que así sea.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

No se puede abandonar a los valientes


Lo reconozco. Hoy he empezado a ver el programa de Bertín Osborne "En tu casa o en la mía", entrevistando a Arturo Fernández, un octogenario asturiano y guasón que nos ha hecho pasar muy buenos ratos. Unos minutos antes, cuando el programa recordaba una entrevista anterior al hijo de Adolfo Suárez, la cosa estaba mucho más seria. Unas imágenes del 23 de febrero de 1981 nos trasladaban a un momento imposible de olvidar para quienes vivimos los acontecimientos en vivo y en directo.  Compaginaba entonces mi trabajo con mis estudios de periodismo y recuerdo mi llegada a la Facultad por la tarde y el enorme revuelo que me encontré. Todo el mundo iba de un lado para otro, se agolpaba en los coches, había nerviosismo, tensión.

Paré al primero que encontré y al preguntarle qué pasaba me miró de hito en hito, como si acabase de llegar de otro planeta y me espetó: "Han entrado a tiros en el Congreso". Le respondí con un incrédulo ¡venga ya! que se quedó en el aire porque el otro ya había salido pitando. A pesar de la confusión encontré  a un par de colegas pegados a un coche, me sumé al grupo y vi que la cosa iba en serio. Alguien preguntó qué podíamos hacer y otra voz dijo "vamos al Congreso". Dicho y hecho. Al poco de llegar hubo un momento en el que varios guardias civiles salieron del Congreso y tanto ellos como las fuerzas que rodeaban el edificio, tiraron del cerrojo de sus armas. La gente empezó a correr. Había rumores de todo tipo y grupos de extrema derecha patrullaban los alrededores.

Son instantes que no se olvidan. Guardo en mi memoria la imagen de dignidad y valentía de Adolfo Suárez y de Gutiérrez Mellado. Ninguno de los dos intentó hurtar el cuerpo a los disparos. Y tampoco olvido la bronca de mi mujer hoy, novia entonces, junto a la del resto de la familia, cuando se enteraron de dónde venía. No había móviles, claro. En ese momento nadie sabía qué iba a pasar. La confusión era enorme, la memoria de ciertas cosas muy reciente y los carros de combate paseándose por Valencia no contribuían precisamente a tranquilizar al personal. El miedo se olía, el de cada uno y el de los demás. España estaba sufriendo un golpe de Estado y en el tablero se jugaba una incipiente democracia que pese a su juventud ya había logrado que los aires de libertad cruzaran el país de punta a punta.

Hoy vivimos otro intento de golpe de Estado. Sin tiros, eso sí, al menos de momento. No, no soy alarmista, pero las bravuconadas ponen a veces en marcha espirales que se sabe cómo empiezan pero no cómo terminan. Y la declaración de desobediencia hecha por los representantes de menos del 50 por ciento de los catalanes, no olvidemos ese dato, es un ataque directo a la línea de flotación de nuestra democracia. Un ataque de una gravedad inaudita y desconocida desde el 23 de febrero de 1981.

La respuesta del Gobierno ha sido la esperada. Legal, medida y necesaria. El Tribunal Constitucional suspendió esta tarde la declaración independentista. Y la respuesta de la Generalitat no se hizo esperar desafiando al Constitucional al declarar que mantiene el plan independentista. Bueno, pues nada, vamos a hacer todos lo mismo. Vamos a pasar de las leyes, que cada cual haga de su capa un sayo y al final sálvese el que pueda.

Hay que ser corto de miras y carecer totalmente de sentido de Estado, para continuar una huida hacia ninguna parte que de proseguir no traerá nada bueno. Si un Gobierno, como es la Generalitat, lanza el mensaje de que las leyes están para ser incumplidas, que alguien me diga a mí qué garantías les quedan a quienes no son de la cuerda independentista, para vivir en paz en un territorio en el que quieran o no serán como bichos raros, diferentes, casi proscritos. La barra libre en materia legal sólo beneficia a los corruptos, a los malvados, a los totalitarios, porque la gente normal queda indefensa.

Y ahí el Gobierno de España está en lo cierto al decir que no puede permitirlo. No se puede dejar en la estacada a más de la mitad de la población de una región como Cataluña, que hasta ayer como quien dice gozaba de una imagen moderna y europea envidiable. Sería una cobardía. Si los independentistas se salen con la suya perderemos todos, pero sobre todo Cataluña y dentro de ella, los que más perderán serán ese más del 50 por ciento de sus habitantes que mostraron claramente su desacuerdo con la ruptura con España en las urnas. No se les puede dejar solos y mucho menos indefensos. Porque son unos valientes.


domingo, 8 de noviembre de 2015

Ignorancia peligrosa


Mañana es un día crucial para la democracia de este país. Más que nada, porque en Cataluña se va a producir una votación para pasarse la Carta Magna por el forro de los mismísimos. Hay que tener cara dura  para votar hacer caso omiso de las leyes "españolas" y de las sentencias del Tribunal Constitucional. Es decir, es como si en la comunidad de vecinos dijésemos "vamos a pasar de las leyes del Estado, hagamos lo que nos salga de ahí mismo, pasemos de la Justicia y sus tribunales y para chulos nosotros, que para eso hacemos lo que nos da la gana". Todo un ejemplo.

Si todos hiciésemos lo mismo, porque no sé muy bien por qué algunos catalanes -no todos, es cierto, pero no dejan de ser "casi" el 50%- se sienten por encima de gallegos, valencianos, extremeños y demás, esto acabaría como el ejército de Pancho Villa. Y por si alguien no se ha percatado, esas cosas suelen acabar mal. muy mal.

De hecho, Manuel Vincent menciona en su columna de El País de hoy la palabra "Sarajevo", recordando lo fácil que es que las cosas acaben como el rosario de la aurora por un quítame allá esas pajas. Pero eso les importa un rábano a quienes están decididos a llevarse por delante lo que sea con tal de salirse con la suya y taparse las vergüenzas. Además, de liarse la de dios es Cristo, ellos se irían de rositas, que para eso tendrán el riñón bien cubierto a base de comisiones para ir a broncearse a alguna playa bien lejana del follón. 

No nos engañemos, son políticos y como tales van a lo que van. Como decía el viejo y desvergonzado adagio castellano "prometer hasta meter y una vez que se ha metido, nada de lo prometido". Y si no, que se lo digan al Ayuntamiento de Madrid, un consistorio que aún no se cree cómo han podido ganar y se les nota que no se lo esperaban. Sólo hay que echar un vistazo a lo errático de muchas de sus decisiones, algunas de las cuales parecen de asamblea de patio de colegio.

La última y no niego que me pilla muy de cerca, es la de municipalizar el servicio de Líneamadrid. Para quienes no lo sepan, casi 500 personas llevan una década como mínimo resolviendo todos nuestros trámites ante la administración local de Madrid. No son funcionarios sino trabajadores de empresas privadas, que ahora ven peligrar sus puestos de trabajo porque Carmena y su equipo prometieron municipalizar este y otros servicios similares, pero lo que no dijeron es que su idea era hacerlo dejando a esta gente en la calle convocando plazas para más funcionarios.

Imagino que Carmena, como antigua jueza, tiene eso de la casta funcionaria metida en las venas. Para los que toda la puñetera vida hemos trabajado para la empresa privada sin tener garantizado como ellos el trabajo para la eternidad laboral, independientemente de su nivel de eficacia, nos rechina este tufo corporativista que parece temer que trabajadores con más voluntad que otra cosa les dejen en evidencia.

Alegan que los funcionarios lo pasan fatal haciendo oposiciones. Los demás no, claro, el resto de mortales sólo hemos tenido que pasar pruebas de selección que son lo más parecido a un picnic entre amigos. Mucha gente las pasa moradas antes de conseguir un puesto de trabajo que, lejos de tenerlo garantizado, ha de ganarse día a día. No como los funcionarios, que una vez que consiguen su plaza no temerán jamás por su situación laboral. Podrán machacarlos salarialmente y de hecho lo han hecho, es cierto, pero nunca perderán el sueño por el temor a quedarse en el paro.

La ausencia total de experiencia del equipo del Ayuntamiento de Madrid y su desconocimiento del servicio del que están hablando, han provocado un conflicto serio que de momento llevará a los trabajadores de Líneamadrid a un paro de 24 horas el próximo 23 de noviembre y a una huelga indefinida a partir del 30. Los funcionarios les están atacando sin piedad. Se nota que son una casta que recita el mantra corporativista de los que no temen por su pan del día a día.

Y mientras tanto, un Ayuntamiento que se definía de izquierdas parece incapaz de encontrar una solución a un conflicto que han creado ellos mismos, simplemente por hacer promesas electorales sobre temas de los que tenían un desconocimiento supino. Volviendo al refranero, se dice que "la ignorancia es atrevida". En este caso, como en el catalán, también es peligrosa. 

Salud y como siempre, brindo por vosotros.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Un simpatizante de Podemos amenaza a una funcionaria municipal de Madrid

Irrumpió en la Junta del Distrito de Puente de Vallecas y pretendía "echar a la calle" a una funcionaria.

(hoy en libertad digital, la gaceta y otros medios)

¿Qué está pasando aquí?

Nada tengo en contra de que la gente vote a quien mejor le parezca. Servidor nunca dio su confianza a los partidos conservadores, más que nada por principios, porque nada hay más anacrónico en mi opinión que un trabajador por cuenta ajena de derechas. Pero insisto, allá cada cual porque manteniéndose en los límites democráticos lo sano es votar -o no- a quien mejor le parezca a uno. Vamos, que cada uno haga de su capa un sayo mientras no fastidie a los demás.

Pero el titular con el que encabezo mi breve artículo de hoy, retomando este modestísimo blog tras meses de abandono por falta de tiempo, me llena de congoja. Si es verdad lo que recogen estos medios y bien pudiera ser por cierto runrún que hay en las calles, es para que a todos nos recorra la espalda un escalofrío. La actitud del individuo citado, insisto, de ser cierta, ha sido prepotente, arrogante, soberbia y dictatorial. Esperemos que se haya tratado de un caso aislado porque, si no es así ¿Qué mensajes están recibiendo las bases -o no tan bases- de Podemos y sus plataformas afines? ¿Qué planes se ocultan tras los mensajes adaptados a lo que los oídos quieren escuchar tras décadas de corrupta oscuridad?

También me ha llamado la atención que el hecho haya sucedido supuestamente en Vallecas. Casi me da un pasmo el domingo al leer y escuchar en los medios que el líder de Podemos soltó un "change begins" al votar… en Vallecas ¡Con un par! No sabia yo que en mi querido Vallekas, tan cercano a pesar de que uno se criase al lado de Lavapiés y escrito con la misma k que Eskorbuto aunque fueran de Santurce pero punks hasta la médula, se votase en inglés. Mil perdones si alguien se cabrea, pero soltar eso en ese momento y en Vallecas, si fue cierto, me parece una auténtica jilipollez.

Nada más lejos de mi intención que justificar lo sucedido en muchos sitios a lo largo de estos años. En absoluto. En muchos aspectos y para fardar yo también de idiomas, podemos usar el término inglés para la Edad Media, "dark ages" o "tiempos oscuros", para repartir a diestro y siniestro, o sea, a derecha e izquierda, epítetos a cual más grueso para calificar el despilfarro. corrupción, mal gobierno, ausencia de empatía, desapego social y distanciamiento de la realidad, que han ocupado muchas esquinas del panorama político español desde hace lustros. Dicho de otro modo. muchos han ido a pillar lo que han podido, mientras el pueblo llano se la pelaba lisa y llanamente.

Pero tampoco me gusta que sobre un cambio planee la sombra de la destrucción en lugar de la voluntad de construir. Algunos análisis han justificado los ataques sufridos por Podemos en la teoría de que se trata de una formación política que cuestiona la democracia, por ellos calificada de "limitada", nacida de la transición, considerando que ha llegado a su fin y que eso acongoja a todo bicho viviente -léase "poderes" en su más amplio espectro social y político- cuya existencia se debe a ese hecho histórico llamado transición, que los que no se acojonaron presenciando en vivo y en directo un intento de golpe de estado no parecen valorar. 

Ya me gustaría a mí -bueno, realmente no me gustaría- ver dónde estarían ellos y dónde estaríamos todos si no hubiese existido esa transición y su "limitada" democracia resultante. Y en serio, si su principal objetivo es desbancar al PP como he leído en algunas portadas de los principales diarios, apaga y vámonos.

Miro a mi copa de vino y pienso que, pese a todo, este país cainita merece la pena por su gente, por lo tanto ¡Salud!





domingo, 11 de enero de 2015

La unión frente a la barbarie
La noticia del atentado perpetrado en Nigeria utilizando a una niña de diez años que portaba los explosivos, es espeluznante, Hay que ser un absoluto desalmado para hacer algo así. No se puede dar cuartel a alimañas semejantes.
En el otro lado de la balanza, la manifestación de hoy de musulmanes en la glorieta de Atocha en Madrid. Es algo que, como dije en mi anterior reflexión, personalmente echaba de menos. Me alegra enormemente que públicamente expresen lo que, por otra parte, era algo de pura lógica, pues sería injusto identificar a nadie por sus creencias con un grupo de desalmados.
También parece que se van a dar pasos importantes para aumentar la seguridad de una sociedad sometida a cerco. Probablemente haya que aceptar algunas molestias adicionales cuando viajemos, pero no serán un precio muy alto a pagar si con ello no sólo se evitan muertes, sino que se caza a alguno de esos descerebrados que utilizan a Alá como excusa de sus instintos asesinos.
Tampoco debemos extrañarnos demasiado, pues en el nombre de Dios también se hicieron barbaridades sin cuento. Pero lo sucedido en el pasado no puede servir de excusa para el presente y mucho menos de base para el futuro.
La única forma de frenar esta barbarie es hacerlo todos juntos, cristianos, musulmanes, budistas, agnósticos, ateos, o lo que cada cual quiera ser, siempre y cuando respete al vecino. Si algún día termina esta pesadilla, será porque los criminales no tengan a nadie que les escuche, que les crea y que les siga.
Pero ese día no llegará, si antes no se eliminan las enormes desigualdades que hacen que mucha gente sin esperanza elija el camino de la sangre, porque, se quiera o no, las bolsas de miseria, incultura y ausencia absoluta de horizontes que existen en nuestras sociedades avanzadas, son lo mejores caladeros para los profesionales del lavado de cerebro con la excusa de Alá. 




viernes, 9 de enero de 2015

¿Arde París?
Seguro que muchos recordaréis la famosa novela de Dominique Lapierre y Larry Collins ambientada en la II Guerra Mundial con este título. Y no lo escojo para mi artículo por azar. Porque la cruda realidad es que estamos en guerra. Distinta de un conflicto bélico convencional, pero guerra al fin y al cabo. Y ahí se acaban las similitudes, porque la novela de Lapierre y Collins empezaba con la liberación de París y de lo que estamos hablando ahora es del inicio de un cerco a la sociedad libre occidental.
El reciente atentado de París contra una publicación humorística no es sino un episodio más del conflicto que enfrenta a Occidente con el ala más radical del Islam. Porque, obviamente, nadie en su sano juicio puede pensar que todos los musulmanes son terroristas potenciales. Ni siquiera que estén de acuerdo o simpaticen con este tipo de acciones. Aunque también es cierto que se echa de menos, como hoy escuché a un tertuliano en la radio y estoy plenamente de acuerdo con él, que el colectivo musulmán se manifieste masivamente contra atentados crueles, execrables, inútiles y contrarios sin duda al Islam. Este mismo colectivo salió en masa a la calle para protestar por unas viñetas satíricas de un periódico local danés. Sus autores, tuvieron que esconderse por las amenazas. Cuando el golpe viene del otro lado, sin embargo, no se les ve.
No he leído el Corán, libro que a mí personalmente me merece tanto respeto -todo- y credibilidad -ninguna-, que La Biblia, pero siendo una de las bases más sólidas de una cultura que en su día alcanzó el máximo esplendor, dudo mucho que justifique esta barbarie. Como dudo también que justifique, salvo que se haga una interpretación intencionadamente errónea y torcida de sus textos, que se trate a la mujer poco mejor -o quizá peor- que a un animal de carga. No puedo, ni podré creer jamás, en una religión o doctrina que no respete la igualdad absoluta entre seres humanos, la libertad de expresión y el derecho a que cada cual decida cómo quiere vivir.
Los radicales yihadistas, de quienes el Estado Islámico es claro exponente mientras avanza paso a paso extendiendo su área de influencia y terror, están intentando acorralar a Occidente. Y lo malo es que lo están consiguiendo. Uno a uno, los principales países europeos están elevando el nivel de alerta terrorista, porque está claro que el atentado y posteriores tomas de rehenes en París, no son sino una continuación de los atentados de Nueva York, Madrid, Londres y un largo etcétera. No sólo están acorralando a la sociedad occidental, sino que la están atemorizando y como consecuencia, limitando su libertad, nuestra libertad.
Hoy escuchaba que, para variar, nuestros principales partidos no se ponían de acuerdo sobre medidas preventivas para intentar frenar esta, que nadie se equivoque, tremenda amenaza. Nadie más partidario que yo de preservar las libertades individuales, pero por si alguien no se ha enterado todavía, insisto en que estamos en guerra. Y si para frenar a unos auténticos fanáticos hijos de puta hay que subir la guardia para proteger las libertades y golpear donde más duela si fuese necesario a unos asesinos desalmados para quienes los occidentales somos perros sarnosos a los que quitar de en medio sin miramientos, pues habrá que hacerlo.
Europa tiene ante sí un reto de cuyas dimensiones quizá no somos aún plenamente conscientes. No muy lejos, aquí al lado como quien dice, hay decenas de miles de pirados perfectamente entrenados, armados hasta los dientes y organizados en un ejército que además emplea muy eficazmente la propaganda, que nos quieren borrar del mapa. Así de claro. Y mucho más cerca, entre nosotros, tienen a miles de individuos dispuestos a allanar el terreno llevándose de vez en cuando por delante a unos cuantos europeos, sembrando el terror y atenazando de miedo a una sociedad que quizá debiera empezar a adoptar una actitud más firme.
Personalmente no tengo ni más miedo ni menos que cualquier otro hijo de vecino. Sí es cierto que los que somos de la época del "Cuéntame" estábamos acostumbrados a los atentados y asesinatos de ETA un día sí y otro también. Pero sin restar un ápice de crueldad a los ataques indiscriminados de la banda terrorista vasca, a la que no dolieron prendas a la hora de atacar cobardemente a población civil totalmente indefensa, los yihadistas dan todavía más miedo. Porque además de ser unos asesinos, son unos locos fanáticos. Aunque en el caso de París, todo hay que decirlo, lo de inmolarse parece que ya no estaba de moda. Aunque al final, menos mal, as fuerzas de seguridad francesas lograron cargárselos.
Hoy es momento de hacer llegar todo nuestro cariño, apoyo y solidaridad a nuestros amigos franceses. Pero también es la hora de cerrar filas, de estar alerta, de colaborar con las medidas preventivas y sobre todo, de ser conscientes de que estamos inmersos en un conflicto atípico, pero no por ello menos letal, en el que no sé si podremos vencer, porque a diferencia de nosotros estos locos no tienen nada que perder. Lo que no podemos hacer es dejar que nos atemoricen porque, si lo hacemos, habrán ganado. Y no podemos permitir que ganen, porque nos lo jugamos todo. Nos jugamos nuestra libertad.
Como siempre, con mi copa de vino, salud.