¿Dónde está mi cartera?
Lo único bueno que tiene el escándalo de las tarjetas negras de Bankia es que, al menos por unos días, no sólo se está hablando de Cataluña y de los equilibrios circenses, por no decir carnavalescos y ridículos, de un Mas que va a menos. Y es que, ya se sabe, en un país de ciegos, el tuerto es el rey.Pero que nadie se engañe, lo de Bankia durará eso, unos días, quizá unas semanas. Pero no más. Si alguien quiere apostar algo sobre cuántos se irán esta vez de rositas, allá películas. Servidor piensa que, para variar, nadie les tocará un pelo. Y a Pujol y familia, tampoco. Y si no, al tiempo. De momento y volviendo a Bankia desde Cataluña, ayer decía el periódico que Hacienda sólo podrá investigar el 17% de los gastos de las tarjetas. No está mal. Que les quiten lo bailado con el 83% restante.
Aquí no pagan justos por pecadores. Aquí solo pagan los decentes, los sujetos a nómina, los que tienen conciencia, los que se presentan voluntarios para cuidar a otros y luego les culpan de no cumplir unos protocolos para los que nadie les entrenó, los pensionistas, los parados, en definitiva, los gilipollas de siempre. Pero los sinvergüenzas, ni uno.
Hay que tener más morro que un oso hormiguero para decir ahora que pensaban que todo era legal. Vamos, que lo más normal del mundo es que una empresa, sea banco o charcutería de postín, distribuya entre sus principales prebostes unas tarjetas con las que, enumeremos, comprar a mansalva en el Corte Inglés, pegarse unos viajes que ni Marco Polo, derrochar en clubes (a eso antes se le llamaba ir de putas, pero hay que cuidar la semántica), beberse lo que no está escrito, enjoyarse hasta la coronilla y, lo mejor de todo, pillar pasta negra en los cajeros. O sea, cobrar un dineral añadido al que ya se llevaban y sin declarar a Hacienda.
Eso sí, entre los hasta ayer ejemplares y poderosos ciudadanos y hoy simplemente chorizos, porque poderosos muchos lo siguen y lo seguirán siendo pase lo que pase, los hay que se han apresurado a devolver el dinero. Y se habrán quedado tan anchos. Es como si a cualquiera le da por birlarle la cartera al prójimo y, si no se entera, que le zurzan. Y si se da cuenta, se la devuelve y tan amigos. El ejercicio es tan simple que ni tribunales hacen falta, oye.
Y lo de menos es el dinero que se han fundido y que nos han robado a todos. Lo más sangrante es que lo han hecho con premeditación, alevosía y descaro insolente, a sabiendas de que el resto de los españolitos, perra a perra, tendrían que poner como cuarenta mil millones de euros del ala para rescatar los bancos que tanto empeño han puesto en hundir. De hecho, los gastos oscuros y millonarios se llevaron a cabo cuando Bankia ya estaba en quiebra. Me gustaría saber cómo calificar semejante conducta, pero no se me ocurren palabras.
Pero insisto, no les pasará nada. Hacienda dice que probablemente sólo pueden ir a por ellos por lo que se han pulido en tres o cuatro años, porque el resto ha prescrito. Ellos, los que nos han robado la cartera a todos, dicen ahora que no sabían que no era legal, que si la abuela fuma, que si la abuela bebe, que si se va de cachondeo. En otras palabras, lo de siempre. Luego vendrán más cortinas de humo al estilo de los clamores independentistas catalanes para tapar toda la mierda y aquí paz y después gloria.
Hay indignación popular, pero sólo eso. Y debería de haber más, mucho más. Como creo dije ya hace tiempo, por mucho menos, por el aumento del precio del pan, se liaba parda en la Edad Media. Hoy nos sodomizan mientras nos echan el aliento en la nuca y seguimos tan frescos. Y lo que más me cabrea es que quienes deberían estar temblando de temor ante el peso de la justicia, se estarán descojonando de la misma y de todos nosotros, los pringados, los de siempre, los paganos.
Quizá me equivoque. Lo haría con gusto y hasta pagaría unas cervezas a quienes me sigan si meto la pata. Me saldrá barato, porque no creo me sigan muchos. Pero mucho me temo que no, que podré ahorrarme esas birras para que ese dinerito se lo sigan repartiendo a escondidas individuos como los que ahora hemos conocido ¿O acaso alguien piensa que no hay más?
Salud.

