lunes, 14 de enero de 2013

Aún nos queda soñar

Hola de nuevo y mis mejores deseos para 2013. Los sueños, son eso, sueños. Pero puede que este año veamos cumplidos alguno de ellos. Total, soñar no cuesta nada ¿no? Por mi parte, espero que todos vuestros sueños, o al menos los mejores, se cumplan. Igual, hasta también se cumple alguno de los míos, que también tengo, claro está.

Que alguno de nuestros sueños se haga realidad, probablemente cueste menos que volver a otorgar la más mínima credibilidad a quienes en teoría han de velar por nuestro bienestar. O representarnos. O trabajar para que nuestra imagen sea mejor cada día y con ello vuelva la confianza en nosotros. Pero es que, ni por esas.

Hace poco leí un titular que recogía que 300 políticos estaban de alguna forma envueltos en temas de corrupción. Se dice pronto, 300. Cifra redonda como la de los espartanos de las Termópilas. Pero con serias diferencias. Ellos eran héroes, lo daban todo a cambio de nada. Bueno, alcanzarían la gloria si morían, pero a quién demonios le importa eso hoy en día.

El 8 de enero leí a Rosa Montero en El País, en su última página. He de reconocer que me cuento entre sus seguidores, pero aparte de suscribir al 100% lo que decía, creí notar auténtico enfado y rabia en sus palabras. Nada extraño, por otra parte. Os recomiendo que leáis lo que escribió Rosa. Yo también me cuento entre esos enfadados que día a día ven cómo se socavan algunos de los más elementales cimientos sobre los que se sustenta el menguante bienestar del que disfrutamos.

Eso sí, no parece que existan otros problemas que el famoso debate sobre la soberanía generado artificialmente en Cataluña. Como si no hubiera otros asuntos más graves en los que pensar. Vamos, que a los parados catalanes, que los hay, el tema del independentismo debe ser extraordinariamente prioritario. Sobre todo cuando hagan de hacer frente a la cuenta del Mercadona como cualquier otro hijo de vecino.

Total, a quién le importa que se lancen cortinas de humo independentistas para ocultar otras cosas. De hecho, a quién le importa ya nada. En un momento en el que, no ya nosotros, sino el mundo en general, necesita tirar de conceptos solidarios, algunos siguen pensando que es mejor fomentar las diferencias. Algo ganarán con ello. Seguro.

Es tarde. Es hora de soñar. Al final, el sueño no deja de ser liberador. Una oportunidad de evadirse para quienes sufren. Una oportunidad de que muchos deseos se cumplan para el resto. Aunque todo sea una ficción, da igual. Al menos, nadie podrá quitarnos los sueños. Bueno, igual intentan privatizarlos, como la sanidad, pero esperemos no les resulte tan fácil.

Mientras tanto, como siempre, con mi copa de vino. Salud y seguid soñando.


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