La noticia del atentado perpetrado en Nigeria utilizando a una niña de diez años que portaba los explosivos, es espeluznante, Hay que ser un absoluto desalmado para hacer algo así. No se puede dar cuartel a alimañas semejantes.
En el otro lado de la balanza, la manifestación de hoy de musulmanes en la glorieta de Atocha en Madrid. Es algo que, como dije en mi anterior reflexión, personalmente echaba de menos. Me alegra enormemente que públicamente expresen lo que, por otra parte, era algo de pura lógica, pues sería injusto identificar a nadie por sus creencias con un grupo de desalmados.
También parece que se van a dar pasos importantes para aumentar la seguridad de una sociedad sometida a cerco. Probablemente haya que aceptar algunas molestias adicionales cuando viajemos, pero no serán un precio muy alto a pagar si con ello no sólo se evitan muertes, sino que se caza a alguno de esos descerebrados que utilizan a Alá como excusa de sus instintos asesinos.
Tampoco debemos extrañarnos demasiado, pues en el nombre de Dios también se hicieron barbaridades sin cuento. Pero lo sucedido en el pasado no puede servir de excusa para el presente y mucho menos de base para el futuro.
La única forma de frenar esta barbarie es hacerlo todos juntos, cristianos, musulmanes, budistas, agnósticos, ateos, o lo que cada cual quiera ser, siempre y cuando respete al vecino. Si algún día termina esta pesadilla, será porque los criminales no tengan a nadie que les escuche, que les crea y que les siga.
Pero ese día no llegará, si antes no se eliminan las enormes desigualdades que hacen que mucha gente sin esperanza elija el camino de la sangre, porque, se quiera o no, las bolsas de miseria, incultura y ausencia absoluta de horizontes que existen en nuestras sociedades avanzadas, son lo mejores caladeros para los profesionales del lavado de cerebro con la excusa de Alá.

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