domingo, 8 de noviembre de 2015

Ignorancia peligrosa


Mañana es un día crucial para la democracia de este país. Más que nada, porque en Cataluña se va a producir una votación para pasarse la Carta Magna por el forro de los mismísimos. Hay que tener cara dura  para votar hacer caso omiso de las leyes "españolas" y de las sentencias del Tribunal Constitucional. Es decir, es como si en la comunidad de vecinos dijésemos "vamos a pasar de las leyes del Estado, hagamos lo que nos salga de ahí mismo, pasemos de la Justicia y sus tribunales y para chulos nosotros, que para eso hacemos lo que nos da la gana". Todo un ejemplo.

Si todos hiciésemos lo mismo, porque no sé muy bien por qué algunos catalanes -no todos, es cierto, pero no dejan de ser "casi" el 50%- se sienten por encima de gallegos, valencianos, extremeños y demás, esto acabaría como el ejército de Pancho Villa. Y por si alguien no se ha percatado, esas cosas suelen acabar mal. muy mal.

De hecho, Manuel Vincent menciona en su columna de El País de hoy la palabra "Sarajevo", recordando lo fácil que es que las cosas acaben como el rosario de la aurora por un quítame allá esas pajas. Pero eso les importa un rábano a quienes están decididos a llevarse por delante lo que sea con tal de salirse con la suya y taparse las vergüenzas. Además, de liarse la de dios es Cristo, ellos se irían de rositas, que para eso tendrán el riñón bien cubierto a base de comisiones para ir a broncearse a alguna playa bien lejana del follón. 

No nos engañemos, son políticos y como tales van a lo que van. Como decía el viejo y desvergonzado adagio castellano "prometer hasta meter y una vez que se ha metido, nada de lo prometido". Y si no, que se lo digan al Ayuntamiento de Madrid, un consistorio que aún no se cree cómo han podido ganar y se les nota que no se lo esperaban. Sólo hay que echar un vistazo a lo errático de muchas de sus decisiones, algunas de las cuales parecen de asamblea de patio de colegio.

La última y no niego que me pilla muy de cerca, es la de municipalizar el servicio de Líneamadrid. Para quienes no lo sepan, casi 500 personas llevan una década como mínimo resolviendo todos nuestros trámites ante la administración local de Madrid. No son funcionarios sino trabajadores de empresas privadas, que ahora ven peligrar sus puestos de trabajo porque Carmena y su equipo prometieron municipalizar este y otros servicios similares, pero lo que no dijeron es que su idea era hacerlo dejando a esta gente en la calle convocando plazas para más funcionarios.

Imagino que Carmena, como antigua jueza, tiene eso de la casta funcionaria metida en las venas. Para los que toda la puñetera vida hemos trabajado para la empresa privada sin tener garantizado como ellos el trabajo para la eternidad laboral, independientemente de su nivel de eficacia, nos rechina este tufo corporativista que parece temer que trabajadores con más voluntad que otra cosa les dejen en evidencia.

Alegan que los funcionarios lo pasan fatal haciendo oposiciones. Los demás no, claro, el resto de mortales sólo hemos tenido que pasar pruebas de selección que son lo más parecido a un picnic entre amigos. Mucha gente las pasa moradas antes de conseguir un puesto de trabajo que, lejos de tenerlo garantizado, ha de ganarse día a día. No como los funcionarios, que una vez que consiguen su plaza no temerán jamás por su situación laboral. Podrán machacarlos salarialmente y de hecho lo han hecho, es cierto, pero nunca perderán el sueño por el temor a quedarse en el paro.

La ausencia total de experiencia del equipo del Ayuntamiento de Madrid y su desconocimiento del servicio del que están hablando, han provocado un conflicto serio que de momento llevará a los trabajadores de Líneamadrid a un paro de 24 horas el próximo 23 de noviembre y a una huelga indefinida a partir del 30. Los funcionarios les están atacando sin piedad. Se nota que son una casta que recita el mantra corporativista de los que no temen por su pan del día a día.

Y mientras tanto, un Ayuntamiento que se definía de izquierdas parece incapaz de encontrar una solución a un conflicto que han creado ellos mismos, simplemente por hacer promesas electorales sobre temas de los que tenían un desconocimiento supino. Volviendo al refranero, se dice que "la ignorancia es atrevida". En este caso, como en el catalán, también es peligrosa. 

Salud y como siempre, brindo por vosotros.

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