Una vida de perros
Más bien de perro, la de uno sólo, la del pobre Excalibur que tan a su pesar fue famoso por 48 horas, las últimas de su vida. Como no podía ser menos en un país en el que, hace más de 30 años, un ministro calificó de "bichito que si se cae se mata" el origen de la mayor intoxicación alimentaria sufrida por España, que dejó más de mil muertos y decenas de miles de afectados, había que encontrar a alguien que empezase a pagar por lo que está pasando y qué mejor que el perro.
Y por si hablaba, el perro, claro, de lo mal que lo han hecho algunos, había que cargárselo, no fuese a quejarse de una ministra que, emulando a su colega de la época de la colza , ha demostrado ser incapaz de enfrentarse a una crisis como esta y en vez de tranquilizar al personal ha conseguido que empiece a ciscarse de miedo.
Y puestos a subcontratar la responsabilidad de lo que está ocurriendo, cómo no apuntar con el dedo a la enfermera diagnosticada de ébola. El consejero de Sanidad de Madrid va y suelta que "puede que la enfermera mintiese". Es como si San Pedro hubiese capado al gallo para que no cantase y poder negar a Jesús tranquilamente. Y el consejero se ha quedado tan ancho después de sembrar la duda, de forma premeditada, sobre una profesional que bastante tiene con lo que tiene.
¿A qué estamos jugando y cómo se puede ser tan ruin? Pongámonos en la piel de la enfermera y repasemos la situación. Por lo que he podido leer hasta ahora, cuando menos hay dudas más que razonables de que todo estuviese bajo control, con personal adecuadamente formado e instalaciones debidamente preparadas. Y ahora seamos la enfermera, que se presenta voluntaria para cuidar del misionero, que por muy templada que sea ha de sentir, si no temor, extrema precaución, añadamos la complejidad de usar un traje que exige 25 minutos para quitárselo y sumemos a todo ello la propia peligrosidad del virus. Si alguien piensa que es imposible que pase algo en algún momento, o es muy ingenuo o no quiere aceptar la realidad.
La ineptitud de quienes deberían gestionar esta crisis, que lo es y grave, se demuestra con la acusación sobre la enfermera y el sacrificio del pobre animal, que incluso si hubiese podido infectarse habría sido probablemente más útil vivo, aunque fuese para seguir aprendiendo más del maldito bicho, que muerto. Ante un enemigo y más si es tan peligroso como este virus, cuanto más se pueda aprender sobre él, mejor. Pero eso se llama estrategia y por desgracia, me temo que algunos de los que han de protegernos desconocen la existencia o el significado de esta palabra. O les importa un pito, que es aún peor.
Cuando hace más de un año inicié este irregular blog, pues me ocupo de él por temporadas, lo hice brindando normalmente al terminar cada reflexión con la copa de vino de la que suelo acompañarme para escribir. Hoy retomo esa costumbre, pero en este caso brindaré por las personas que como los misioneros, la enfermera y muchos otros como ellos, ponen en riesgo su seguridad personal por cuidar de otros. Hay que tener valor y abnegación. Y brindo también por el pobre Excalibur, víctima de la incompetencia y la precipitación y le pido que me perdone por pedir que sus amos tarden en reunirse con él, aunque sé que, allá donde esté, les echará de menos.
Y a los demás, con mi copa, salud.

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