martes, 6 de agosto de 2013

Estamos locos

Me ha salido demasiado tópico el título de mi comentario de hoy, pero no se me ocurría otro mejor sin remedar de alguna forma el artículo de mi admirado Javier Marías, aparecido en El País Semanal del 7 de agosto y que él titulaba "Esclavizados y transparentes".

En su reflexión, cuyo enlace adjunto al final para quien quiera leerla entera, comentaba entre otras cosas que sus amigos le miraban como a un bicho raro puesto que pasaba olímpicamente de portátiles, móviles y demás artilugios.

Es decir, todos esos cacharros que al poco de tenerlos ya están viejos y sin los cuales hoy no sabemos vivir, porque poder, lo que se dice poder vivir sin ellos, si podríamos. Es más, seguro que viviríamos mejor.

El artículo de Javier va en esa línea, pues son ahora esos mismos amigos los que le dan la razón. Habla también de movimientos o iniciativas que empiezan a surgir en contra de la esclavitud a la que nos ha condenado la tecnología. Aunque pienso que quienes nos hemos condenado realmente somos nosotros mismos.

Que yo sepa, toda la vida se han trabajado una serie de horas a cambio de un mejor o peor estipendio. Bueno, algunos días se hacían más, eran las famosas horas extra y se cobraban como tales, claro está. Pero al menos se sabía que en un momento determinado llegaba el merecido descanso y que el día siguiente sería simplemente eso, otro día. Y no digamos ya los fines de semana, un auténtico placer entonces.

Y digo entonces porque hoy todo es muy distinto. Reconozco la utilidad de los teléfonos móviles cuando, por ejemplo, los chavales empiezan a salir por la noche. Te quedas mucho más tranquilo cuando te llaman, aunque sepas que te la están colando. Pero al menos cuentan con un medio de comunicación en caso de apuro o emergencia.

Y también he de aceptar su utilidad cuando te quedas tirado con el choche y más hoy en día que todas las compañías de seguros tienen asistencia en carretera. El vehículo casca, siempre en el peor momento, claro, y sólo tienes que tirar del teléfono de asistencia y en no mucho tiempo, asunto resuelto.

Pero aparte de los ejemplos anteriores y de otras situaciones de urgencia, no acabo yo de ver la utilidad de estos chismes salvo por el lado de estar permanentemente controlados y en estado de alerta. Y no digamos ya si pasamos de los móviles clásicos a los de última generación, con el puñetero "guasap" que el día menos pensado causará un accidente grave, correo electrónico y qué se yo que más elementos de búsqueda y captura del incauto que se creía a salvo de recibir algún comunicado o instrucción mientras estaba tranquilamente en su casa o tomando algo en el bar.

Porque el mensaje de las narices puede llegar en cualquier momento. Y que me expliquen a mí que demonios hace la gente -hacemos- enviando e-mails los sábados y los domingos, o en vacaciones. Bien está si se produce una situación de emergencia, para la que bastaría una simple llamada telefónica. Sí, vale, al móvil incluso. Pero no tiene sentido que hagamos lo que hacemos para asuntos que pueden esperar perfectamente al día siguiente. O incluso más.

Javier Marías dice que así la gente no sólo no descansa, sino que encima tiene la sensación permanente de no llegar, de dejar las cosas a medias, de no rematar nada, lo cual es mucho peor. Personalmente pienso que es como una especie de muy elaborada tortura, disfrazada de concepto erróneo de la responsabilidad. Y así andamos todos, como locos, porque no desconectamos y lo malo es que tarde o temprano puede llegar el cortocircuito.

Probablemente no les falte razón a quienes propugnan volver a viejas costumbres, usos y utensilios, al menos en parte. Yo, por ejemplo, prefiero aún el diario en papel que en digital. Y me gustan más los libros-libros que los electrónicos. Y también me gusta más apuntarme cosas en un papel que en el móvil. Si un día de estos consigo convencer a mi blackberry de que no me conteste ni me diga nada por mucho que la sobe y toquetee, quizá esté volviendo de verdad al mundo de los cuerdos.
Mientras trato de conseguirlo, salud y buenas noches.

http://elpais.com/elpais/2013/07/04/eps/1372933505_417272.html



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