Todos contra uno
No tenía pensado escribir otra vez sobre el accidente de Galicia. Bastante, por no decir demasiado, se ha escrito ya. Hace tiempo, mucho, que pienso que el periodismo pierde a menudo el norte. Pero eso lo comentaremos otro día. Hoy no. Hoy sólo queda asombrarse por el hecho de que los trenes puedan estrellarse al atravesar un pueblo, llevándose por delante decenas de vidas. Y todo, al parecer, porque tan perfecta máquina sigue dependiendo de lo que haga o deje de hacer un humano. Que además de imperfecto, como todos lo humanos, va solo.Entiendo a quien le da miedo volar. O subir en ascensores, o viajar en metro. Cada cual tiene sus miedos. Yo también. Aunque no a volar, que me encanta. Pero cada vez que viajo en AVE, lo cual hago con cierta frecuencia, no dejo de pensar, al ver 300 kilómetros por hora en el letrero luminoso que en todos los vagones te da temperatura exterior y velocidad del tren, que si el AVE se pega una galleta no nos reconoce ni nuestras madres. Vamos, que no veo yo la diferencia entre un poco probable guantazo en un avión, vayas a la velocidad que vayas, y una igualmente hipotética bofetada en un tren a trescientos por hora. El resultado sería el mismo.
Y a las pruebas me remito, que por cierto, parecen apuntar a un posible despiste del maquinista mientras hablaba por el móvil con el interventor. Bueno, no sé. Evidentemente, tenga o no la culpa que pueda tener este pobre hombre, bastante tiene encima. No quisiera yo verme en su lugar. Pero lo que no es de recibo es que todo dependa de una persona. Sí, de una, que al menos los aviones llevan dos.
¿Cómo es posible que una máquina con cientos de personas a bordo y circulando a 200 kilómetros o más por hora no sea "autónoma" en una situación de riesgo en la que el humano no actúa como se espera? Olvidémonos de la llamada del móvil ¿Y si en el mismo punto fatídico al maquinista le da un infarto, o pierde el conocimiento, o le pasa qué se yo que le impide actuar como se prevé? ¿Por qué demonios no se para el tren, él solito, que para eso se supone que son máquinas perfectas?
Ahora resulta, según dicen los periódicos, que el tren no podía guiarse por el sistema con el que estaba dotado porque no estaba listo el software necesario. Y que por eso, los trenes no pueden -no deben- alcanzar la velocidad de crucero prevista. Y aún hay alguna cosa más. Quien quiera, que se lea los periódicos de hoy.
Pero parece el viejo chiste, con final trágico aquí, de la familia en el coche con el padre, la madre, el niño y la abuela, a los que les para la guardia civil y al decirles que por conducir tan bien les van a dar un premio, el padre contesta "qué bien, ya tengo para sacarme el carné", y la mujer "no le haga caso señor guardia, es que está borracho", y el niño ¿"papá, papá, esos son los hijos de.... que decías nos venían siguiendo"?, y la abuela rematando "Manuel, ya te decía yo que con un coche robado no íbamos a ningún sitio".
Pues aquí parece que igual. Un tren lanzado a toda leche, a casi 200 por hora, en las manos de un hombre, que al parecer recibe una llamada -cuidado, de trabajo- del interventor, que a lo mejor se despista, lo cual es fatal a esas velocidades, en las que todo pasa muy rápido y en las que nada suple el posible fallo humano. Porque el tren, no se para. Nada lo para. No se para solo. Y descarrila. Y ya no hay nada más que muerte, dolor, vidas rotas para siempre, imágenes que jamás abandonarán la memoria.
Nunca he temido viajar en ningún medio de transporte en concreto. Bueno, quizá lo que menos me guste sean los autobuses. Pero miedo, lo que se dice miedo, nunca he llegado a sentirlo. Viajando, claro, que por otras muchas cosas sí, faltaría más. Pero he de reconocer que desde el accidente de Galicia, cuando vuelva a ver 300 por hora en el AVE, seguro que algún pelillo se me pone como una escarpia. Y eso que creo que el AVE sí está preparado para actuar, como máquina "lista" que dicen que es, en caso de inhabilitación del maquinista que va en la cabina. Bien está, pero estará mejor cuando todos los trenes capaces de alcanzar velocidades que incluso desafían la capacidad del ojo humano, que es el que ve las señales, sean igual de listos. Sobre todo, si son igual de rápidos.
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